
Estas palabras sirven para autoengañarnos. La trampa, perfecta, consiste en convencernos de que existe un motivo por el cual no somos capaces de romper la relación a la que estamos "enganchados"; y este motivo nos excusa, nos libra de responsabilidades para con nosotros mismos y nos da pie a quedarnos con esa persona a la que tenemos tanto miedo de abandonar
En realidad, ¿qué hay detrás de estos pensamientos? Algunos lo llaman dependencia emocional, otros relaciones adictivas, otros dicen que el verdadero problema es la baja autoestima, etc. Lo que seguro hay es miedo, desconfianza y apego, a diferentes cosas, según el caso. ... ¿Qué será de mí si le dejo? ¿Seré capaz de tomar las riendas de mi vida si rompo con ella? ¿Volveré a encontrar el amor si rompemos? ¿Podré aguantar el dolor que me espera si termino esta relación? ¿Qué haré sin ella?
Imaginemos ahora a un adicto a algún tipo de sustancia, como podría ser la cocaína o los estupefacientes...
Muchos estaríamos de acuerdo en que, cuando el adicto desea dejar de consumir la droga, lo ideal es que "corte por lo sano", que no tome más y se aleje de todo lo que vaya relacionado al consumo de la sustancia (situaciones, ambientes, y un largo etcétera).
Ahora bien, cuando el adicto nos dice: "antes de poder dejar de consumir, lo que necesito es no tener ganas de hacerlo", ¿qué es lo primero que nos viene a la cabeza? "Así no podrá conseguirlo...". Muchos, que ya conocen bien el autoengaño (aunque quizás no hayan experimentado en sus propias carnes lo difícil que se lo puede llegar a poner uno para salir de ese autoengaño...), no se cortan un pelo y dicen cosas cómo: "Eso es una excusa que te pones para no dejar de tomar". Están en lo cierto, sí, aunque el comentario no suele provocar otra reacción que oposición y suele ser de poca utilidad.
La cuestión es que el adicto siempre tendrá la "tentación" de consumir y sabemos que, para dejarlo, tendrá que aprender a vivir con esa "tentación" y encontrar recursos para evitar caer de nuevo y para hacer que ese monstruito tenga cada vez menos poder sobre él.
El adicto lo es para toda la vida, lo cual no significa que no pueda dejar de consumir y vivir en paz.
Tomar la droga no es "porque sí", tiene una función: cubre una necesidad, un vacío o sirve como vía de escape, etc. El drogodependiente necesitará descubrir qué carencia o vacío tiene, de qué quiere escapar, etc. El drogodependiente necesitará descubrir otras formas más saludables para poder cubrir por sí mismo esa necesidad, vacío, etc. Solo así podrá dejar de consumir.
Si espera a que se esfumen las ganas de tomar, eso no ocurrirá.
El que espera, desespera...
Si entendemos esto, ¿qué hace que nos cueste tanto entender que lo mismo ocurre en el amor? Quizás sea que no veamos el amor como una posible fuente de adicción. Fijémonos por un momento en estas palabras: drogodependiente y dependiente emocional. La idea es la misma: uno depende de una sustancia y el otro depende de una persona. ¿Para qué depende? Para sentirse "bien" ya que no se creen capaces de conseguirlo por sí solos (sentirse "bien" puede significar: sentirse... querido/a, amado/a, seguro/a, capaz, etc). Igual que el drogodependiente, el dependiente emocional (o adicto al amor), necesitará encontrar recursos para sentirse "bien" por sí solo y poder ocuparse de sí mismo sin necesitar de otro o de una relación afectiva.












