sábado 19 de julio de 2008

Quiero que me ayudes a desenamorarme

"Antes de que siquiera pueda pensar en dejarla, quiero que me ayudes a desenamorarme. Necesito dejar de sentir que la quiero antes de poder romper esta relación. Sé que no podré hacerlo si no consigo deshacerme de estos sentimientos primero. Sé que si me desenamoro, seré capaz de romper. Esa es la solución."



Cualquiera de nosotros podría sentirse identificado con estos pensamientos. Son creencias muy comunes y socialmente aceptadas por muchos, ya que son muchos quiénes conciben el amor como una adicción...

Estas palabras sirven para autoengañarnos. La trampa, perfecta, consiste en convencernos de que existe un motivo por el cual no somos capaces de romper la relación a la que estamos "enganchados"; y este motivo nos excusa, nos libra de responsabilidades para con nosotros mismos y nos da pie a quedarnos con esa persona a la que tenemos tanto miedo de abandonar

En realidad, ¿qué hay detrás de estos pensamientos? Algunos lo llaman dependencia emocional, otros relaciones adictivas, otros dicen que el verdadero problema es la baja autoestima, etc. Lo que seguro hay es miedo, desconfianza y apego, a diferentes cosas, según el caso. ... ¿Qué será de mí si le dejo? ¿Seré capaz de tomar las riendas de mi vida si rompo con ella? ¿Volveré a encontrar el amor si rompemos? ¿Podré aguantar el dolor que me espera si termino esta relación? ¿Qué haré sin ella?

Imaginemos ahora a un adicto a algún tipo de sustancia, como podría ser la cocaína o los estupefacientes...

Muchos estaríamos de acuerdo en que, cuando el adicto desea dejar de consumir la droga, lo ideal es que "corte por lo sano", que no tome más y se aleje de todo lo que vaya relacionado al consumo de la sustancia (situaciones, ambientes, y un largo etcétera).

Ahora bien, cuando el adicto nos dice: "antes de poder dejar de consumir, lo que necesito es no tener ganas de hacerlo", ¿qué es lo primero que nos viene a la cabeza? "Así no podrá conseguirlo...". Muchos, que ya conocen bien el autoengaño (aunque quizás no hayan experimentado en sus propias carnes lo difícil que se lo puede llegar a poner uno para salir de ese autoengaño...), no se cortan un pelo y dicen cosas cómo: "Eso es una excusa que te pones para no dejar de tomar". Están en lo cierto, sí, aunque el comentario no suele provocar otra reacción que oposición y suele ser de poca utilidad.

La cuestión es que el adicto siempre tendrá la "tentación" de consumir y sabemos que, para dejarlo, tendrá que aprender a vivir con esa "tentación" y encontrar recursos para evitar caer de nuevo y para hacer que ese monstruito tenga cada vez menos poder sobre él.

El adicto lo es para toda la vida, lo cual no significa que no pueda dejar de consumir y vivir en paz.

Tomar la droga no es "porque sí", tiene una función: cubre una necesidad, un vacío o sirve como vía de escape, etc. El drogodependiente necesitará descubrir qué carencia o vacío tiene, de qué quiere escapar, etc. El drogodependiente necesitará descubrir otras formas más saludables para poder cubrir por sí mismo esa necesidad, vacío, etc. Solo así podrá dejar de consumir.

Si espera a que se esfumen las ganas de tomar, eso no ocurrirá.
El que espera, desespera...


Si entendemos esto, ¿qué hace que nos cueste tanto entender que lo mismo ocurre en el amor? Quizás sea que no veamos el amor como una posible fuente de adicción. Fijémonos por un momento en estas palabras: drogodependiente y dependiente emocional. La idea es la misma: uno depende de una sustancia y el otro depende de una persona. ¿Para qué depende? Para sentirse "bien" ya que no se creen capaces de conseguirlo por sí solos (sentirse "bien" puede significar: sentirse... querido/a, amado/a, seguro/a, capaz, etc). Igual que el drogodependiente, el dependiente emocional (o adicto al amor), necesitará encontrar recursos para sentirse "bien" por sí solo y poder ocuparse de sí mismo sin necesitar de otro o de una relación afectiva.

lunes 14 de julio de 2008

Solo por amor... de Jorge Bucay

Camino por mi camino. Mi camino es una ruta con un solo carril: El mío. A mi izquierda, un muro separa mi camino del camino de alguien que transita a mi lado. De vez en cuando en esta pared inmensa veo un agujero, una ventana, una hendidura... Un día, mientras camino, veo aparecer del otro lado del muro una figura que transita a mi ritmo en mi misma dirección. La miro: es una mujer hermosa. Ella me mira. La vuelvo a mirar. Le sonrío, me sonríe. Un momento después, ella sigue su camino y yo me apuro. En la siguiente ventana me detengo un minuto... Cuando ella llega,nos miramos a través de la ventana, del agujero... Le digo con señas lo mucho que me gusta. Me contesta con gestos... creo que me entiende... y continúo mi camino. Empiezo a correr con la vista clavada en el muro. De pronto la veo, está esperándome... Le hago un gesto, ella me devuelve un beso en el aire y sigo caminando... y la vuelvo a ver. Es ella todo lo que necesito.

Quiero pasar al otro lado del muro pero la puerta es muy estrecha. Paso una mano, paso un hombro, hundo un poco el estómago, me retuerzo un poquito sobre mí mismo, casi consigo pasar mi cabeza... pero mi oreja derecha se atasca. Empujo. No hay forma, no pasa y no puedo usar mi mano para retorcerla porque no podría poner ni un dedo allí. No hay espacio suficiente para pasar con mi oreja. Tengo que tomar una decisión (porque mi amada me espera, porque es la mujer con la que soñé toda mi vida). Saco una navaja del bolsillo y, de un solo tajo rápido, me atrevo a darme un corte en la oreja para que que mi cabeza pase por la puerta. Y lo consigo: mi cabeza pasa. Pero ahora es el hombro el que se queda atascado. La puerta no tiene la forma de mi cuerpo. Hago fuerza. Mi mano y mi cuerpo han pasado, pero mi otro hombro y mi brazo no pasan... Ya nada me importa así que, tomo impulso y fuerzo mi paso por la puerta... Ya casi estoy al otro lado. Justo cuando estoy a punto de terminar de pasar, me doy cuenta que mi pie derecho se ha quedado enganchado al otro lado. Por mucho que me esfuerzo no consigo pasar. No hay forma. Estoy casi al alcance de mi amada así que agarro un hacha y, apretando los dientes, doy el golpe y desprendo la pierna.

Ensangrentado, a saltos, apoyado en el hacha y con el brazo desarticulado, con una oreja y una pierna menos, me encuentro con mi amada.
- Aquí estoy. Por fin he pasado. Me miraste, te miré, me enamoré. He pagado todos los precios por tí. Todo vale la pena en el amor y la guerra. No importan los sacrificios, valían la pena si era para encontrarse contigo, mi amada.

Ella lo mira mientras se le escapa una mueca...
- Así no, así no quiero... A mí me gustabas cuando estabas entero.



A veces, cambiamos ya que pensamos que así conseguiremos el amor del otro.
A veces, nos presentamos de una manera diferente a la que realmente somos ya que pensamos que así conseguiremos el amor del otro.
A veces, escondemos nuestras partes más bonitas a los demás ya que pensamos que así conseguiremos su amor...

A veces, pedimos a los que amamos que cambien para amoldarse a la idea que teníamos de ellos al principio, cuando estábamos enamorados, cuando eramos ciegos.
A veces, pedimos a los que amamos que cambien para amoldarse al ideal de amado que tenemos en mente, un ideal que pocas veces tiene demasiado de ver con la realidad.
A veces, nos perdemos de las partes más bonitas de los demás por pedirles que cambien esas otras cosas que no nos parecen estén a nuestro gusto...


"Ten cuidado con lo que deseas. Puede que algún día lo consigas...".

Príncipe valiente, princesa salvada

Me encanta Shrek. Es una película divertida, para todas las edades, fresca y actual, que hace pedazos muchísimos de los mitos que nos acompañan día a día en nuestra forma de vida.

Hoy me quedo con éste... "el príncipe valiente y la princesa salvada" o viceversa. En otras palabras, "el salvador y la víctima" o viceversa. En sexualidad quizás hablaríamos también de "el hombre activo y la mujer pasiva" o viceversa.

La cuestión no es si somos hombres o mujeres sino cuál es nuestro "estilo", el rol o el papel que adoptamos, nuestras creencias/nuestros pensamientos respecto a la sexualidad y cómo éstos influyen en las cosas que hacemos.




Para empezar, aquí el príncipe es un ogro (dándole la vuelta a aquello de que igual "te puede salir rana", aquí ya lo pintan verde desde un principio). Para rematarlo, la princesa sorprende al personal con su dominio de las artes marciales al puro estilo Matrix, dígase de paso, muy
"poco femenino" (con las comillas bien remarcadas).

¿La princesa necesita ser rescatada? ¿Necesita que el príncipe se haga responsable de su vida, incluída su sexualidad?

Cada uno de nosotros es el único responsable de su placer sexual, al igual que de nuestra vida.

Esto no quiere decir que controlemos todos los factores que influyen en nuestro placer. Es obvio que la sexualidad, cuando es en pareja, es cosa de dos, "para lo bueno y para lo malo": es decir, cada uno de los dos miembros tiene su parte de responsabilidad en cómo se desarrollen los acontecimientos. Siempre podemos decidir algo.

Podemos decidir comunicarle al otro lo que nos da placer y lo que no.
Podemos decidir esperar a que sea el otro quien tome la iniciativa.
Podemos decidir esperar a que el otro adivine lo que nos gustaría recibir en ese preciso instante...

Podemos decidir hacernos responsables de nuestro placer.

domingo 6 de julio de 2008

¿Cuánto tiempo dedicamos al placer?






















¿Cuánto tiempo dedicamos al placer?
¿Y a qué tipo de placer?



Hay quien piensa que: "Somos fuera de la cama como lo somos dentro de ella."


Pequeños placeres: si nos cuesta conectar con el placer en nuestro día a día, si no buscamos ni el momento ni el lugar para hacerlo, si nos sentimos ridícul@s cuando expresamos lo que sentimos, si no nos permitimos disfrutar de aquello que es placentero para nosotros fuera de la cama... ¿qué nos hace pensar que seremos diferentes dentro de la cama?


Quizás no nos hemos dado permiso para disfrutar de aquello que verdaderamente nos produce placer...


¿Buscamos o hacemos las cosas que realmente nos dan placer o las que creemos que nos lo dan?



viernes 4 de julio de 2008

La sexualidad es SENTIR


La sexualidad es una experiencia sensorial.

De ahí que sea tan importante activar los 5 sentidos, conectar con cada uno de ellos y desconectar del resto de distracciones (pensar, una de nuestras favoritas).

La sexualidad es SENTIR, sentirse conectado con lo que se està sintiendo, valga la redundancia...

¡Que bien que llegó el verano!

En verano, nos destapamos y reactivamos el sentido del tacto potenciándolo hasta el infinito: sentimos la brisa en nuestros brazos, piernas, hombros, vientre... sentimos el calor, el sudor... si vamos a la playa, renacemos... recordamos que existimos cuando el agua nos envuelve, cuando nuestros pies juegan con la arena y nuestro cuerpo se hunde en la toalla... el sonido del mar, de las olas, nos balancea hasta aturdirnos; que a gusto.

Y que bien que antes vino la primavera... maravillándonos con sus colores, descubriéndonos todos los olores, trayendónos recuerdos de nuestra infancia, de aquel año tan bueno, de aquél primer beso y amplificando el canto de los pájaros, el zumbido de la tierra y su fauna...


No me extraña que amemos estas dos estaciones. No me extraña que nos sintamos más tristes o desganados cuando llega el invierno (todo y que brinda también tantas oportunidades de sentir)... por eso, tantas veces, durante los meses blancos, me expongo al frío, a veces, hasta que me lloran los ojos...

para SENTIR que existo, que estoy aquí, para sentir que el frío me toca.

jueves 3 de julio de 2008

Amélie Poulain I

Ayer volví a a ver esta película y la observo de nuevo, esta vez con una mirada diferente, descubriendo algunos nuevos rincones y recovecos, antes desconocidos y ahora sorprendentes.


Me ha hecho pensar en todas las estratagemas que constantemente utilizamos para "controlar la situación" y todo el miedo a dejarnos llevar que llevamos dentro nuestro.


Pese a los peculiares ambientes y escenificación de la película, nada es tan banal y común como el miedo que
tiene Amélie: el miedo a sufrir, a ser herida/o, a ser rechazada/o. El miedo a tener demasiado cerca a otra persona…

¿Qué me pasa a mí cuando estoy tan cerca de otra persona?


El control de la situación es lo que hacemos cuando ponemos condiciones a cómo se va a dar el encuentro con el otro, planificando cómo será y planeando cada detalle ya que tememos que algo se escape a nuestro control, nos pille por sorpresa y nos desmonte, o peor, que nos rompa en pedazos que no seamos capaces de volver a montar juntos...

Las condiciones que ponemos no son más que un intento ficticio de control. Nos dan "sensación de control" pero, al fin y al cabo, no podemos decidir cómo o qué pensará, sentirá o actuará el otro.

La sensación de control tiene que ver con que ponemos condiciones, límites, barreras, máscaras y escudos que nos permiten protegernos ante/del otro. No podemos controlar lo que el otro hace pero, por si acaso nos hiciera daño, nos aseguramos de que la salida de emergencia quede bien cerca y accesible, para huir a la primera señal de alarma. Disponemos todo para poder huir si es necesario…

Ahora pienso en la escena en que Amélie le devuelve el álbum fotográfico a Nino y él tiene que seguir las flechas azules, subiendo hasta el mirador de la Iglesia del Sacre Coeur para ver de lejos cómo ella escapa, sin tener posibilidad de alcanzarla. Es un juego, sí, pero Amélie juega a esconderse porque está asustada ante el posible encuentro/acercamiento…


El control nos sirve para huir y evitar las situaciones que nos dan miedo, aquello que nos aterra.


jueves 24 de abril de 2008

Una rosa visible y diversa


Con unas horas de retraso, y unos meses de invisibilidad debido al exceso de trabajo, escribo para desearos que hayáis pasado un
F
EL
IZ DIA DE SANT JORDI. A...

Ellas con ellas
Ellas con ellos
Ellos con ellos
Él-ella con ella-él

...y tantas otras combinaciones...





Sé que esta es una discusión controvertida y que, de hecho, me parece muy interesante así que os animo a participar si os apetece... ¿Creéis que es necesaria la visibilidad de homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales? En caso afirmativo, ¿para qué creéis que es necesaria?